El ataúd para tres que nunca se usó: ahora es pieza de museo
En la década de 1930, una pareja encargó un ataúd para tres personas. Dos de quienes debían ocuparlo todavía estaban vivos.
El matrimonio había perdido a su pequeño hijo y el dolor los llevó a tomar una decisión extrema: planearon morir para ser enterrados junto a él.
Acudieron a la funeraria Hood, en Durango, Colorado, con una petición inusual. Querían un féretro suficientemente ancho para alojar a los dos adultos y, entre ellos, el cuerpo de su criatura, que sería exhumado para reunir nuevamente a la familia.
El plan era concreto. El esposo mataría a su mujer y después se quitaría la vida. Incluso habían previsto cómo sería su entierro.
El encargo llegó a la Central Metallic Casket Company, una empresa de Chicago. Allí se fabricó un enorme ataúd con revestimiento metálico y un interior cuidadosamente acolchado, diseñado para albergar tres cuerpos.
Pero mientras el féretro era preparado, algo cambió.
Los padres desistieron de su decisión. Abandonaron aquellos planes y se trasladaron a otro estado. El ataúd quedó terminado, sin que nadie acudiera a recogerlo.
Pasaron cerca de veinte años.
En la década de 1950, la funeraria recibió una carta inesperada. La escribía la misma mujer que había encargado aquel ataúd. Su esposo había fallecido y ahora solicitaba que le devolvieran el dinero pagado tantos años atrás.
La funeraria había cambiado de propietarios y la solicitud fue rechazada. Aquel enorme féretro continuó almacenado, sin haber cumplido jamás su propósito.
Con el tiempo, la pieza terminó incorporándose a la colección del Museo Nacional de Historia Funeraria de Houston, Texas, donde todavía se exhibe.
Su interior conserva el espacio destinado a tres personas. Los visitantes pueden observar el acolchado color marfil y las dimensiones de un ataúd que nunca llegó a utilizarse.
Fue construido para una familia que había decidido morir junta. Pero cuando estuvo listo, sus dos integrantes sobrevivientes habían elegido continuar viviendo.

