Una pareja de California comparte su piscina con familia de osos

Brian Gordon casi no compra esa casa en Monrovia, California.

Cuando le contaron que había osos nadando en la piscina del terreno que estaba por adquirir, el miedo lo paralizó por un momento. Pero eso fue hace cuatro años. Hoy, en 2026, junto a su pareja Ricardo Martínez, ve llegar varias veces por semana a una osa negra —a la que llaman Maddie— junto a sus crías, que se rascan contra los árboles, duermen la siesta a la sombra y se meten al agua cuando el calor del sur de California aprieta.

«No hay problema en que vengan aquí, siempre y cuando no les hagamos daño a ellos ni a nosotros», cuenta Gordon. En las montañas de San Gabriel viven unos 1,600 osos negros, aunque su pelaje también puede ser marrón, y los encuentros con humanos han ido en aumento. Por eso la pareja instaló una cámara para admirarlos de cerca sin invadir su espacio.

Los expertos igual advierten algo importante: por más tierna que sea la escena, no son ositos de peluche. Siguen siendo animales salvajes, y esa es justamente la parte más honesta de esta historia de convivencia.

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