Gengis Kan mató a tanta gente que provocó un cambio climático a favor de la naturaleza

Gengis Kan asesinó a 40 millones de personas, lo que provocó un cambio climático antropogénico. La invasión mongola enfrió el planeta, eliminando alrededor de 700 millones de toneladas de carbono de la atmósfera.

Según un estudio de Julia Pongratz, del Departamento de Ecología Global de la Institución Carnegie, la invasión mongola que arrancó en 1206 dejó tantos mu3rtos que enormes extensiones de cultivo quedaron abandonadas y volvieron a ser bosque. Esos árboles absorbieron unos 700 millones de toneladas de carbono, la misma cantidad que hoy emite el mundo cada año solo por quemar gasolina.

El imperio duró casi dos siglos y se extendió de Asia a Medio Oriente y Europa del Este, lo que dio margen para que los bosques crecieran y capturaran carbono a gran escala. Para Pongratz, es un error creer que el impacto humano en el clima empezó con el carbón y el petróleo de la era industrial. Comenzó hace miles de años, al talar bosques para sembrar.

El estudio, publicado en la revista The Holocene junto a Ken Caldeira y científicos del Instituto Max Planck de Meteorología, reconstruyó la cobertura vegetal del planeta desde el año 800 d.C. y comparó cuatro catástrofes demográficas: la peste negra en Europa (finales del siglo XIV), la caída de la dinastía Ming en China (segunda mitad del siglo XVII), la conquista de América (siglos XVI y XVII) y la invasión mongola (siglos XIII y XIV).

En las crisis breves, como la peste negra o el colapso Ming, el bosque que rebrotó no alcanzó a compensar el carbono liberado por la materia en descomposición del suelo. Solo los episodios largos tuvieron un efecto real. En América, las enfermedades europeas habrían mat4do a más del 90 % de la población en un siglo, y otros investigadores ligan esa reforestación con la Pequeña Edad de Hielo (1500-1750).

Hoy cerca de una cuarta parte de la productividad vegetal terrestre la aprovecha el ser humano, sobre todo para agricultura, y la deforestación genera alrededor del 10 % de los gases de efecto invernadero. Pongratz concluye que antes alteramos el clima sin querer, pero ahora sabemos lo suficiente para decidir cómo usar la tierra a propósito.

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